FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES DE REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL

 

El 22 de octubre de 2001, en reunión celebrada en Madrid con presencia de representantes de asociaciones de seis comunidades autónomas del Estado Español, se creó la Federación Española de Asociaciones de Rehabilitación Psicosocial (FEARP). Este evento, preparado durante años, representa a la vez la culminación de una vieja aspiración y el principio de un proceso. Un proyecto que nace en Vienne (Francia) en 1986 con la creación de la Asociación Mundial de Rehabilitación Psicosocial (WAPR), proseguida en Madrid con la creación y consolidación de la AMRP desde 1988, y rubricada en la Constitución de la Federación en 2001 como entidad que logra reunir iniciativas dispersas a lo largo del Estado, algunas de ellas ya con historia y proyección como la de ARAPDIS en Barcelona.

 

 

Reunión de Madrid del primer grupo promotor de la FEARP:

de izquierda a derecha, Manuel Perez (AARP), Jaime Andres Fernandez (ACRP), Ricardo Guinea (AMRP), Begoña Hoyas (AC-MRP), Ramon Blasi (ARAPDIS), José J Uriarte (ASVAR), Martin Vargas (AC-LRP)

 

            Nuestra Federación nace con la vocación de contribuir, desde una perspectiva multiprofesional, a que las oportunidades de tratamiento y los servicios dedicados a mejorar la vida de las personas con enfermedades mentales graves y crónicas, alcancen el nivel de disponibilidad y calidad que nuestros ciudadanos merecen, y se equiparen con las mejores del mundo. En esta labor continuaremos nuestra política de trabajar codo con codo con otras entidades y asociaciones, tanto de profesionales (como es el caso de la AEN), como de familiares o de usuarios, a nivel local, estatal e internacional. Dedicaremos nuestros mejores esfuerzos a difundir lo mejor de la investigación y el conocimiento mundiales en nuestro campo, a mantener la actualización y motivación de los profesionales, a asesorar a los responsables políticos a todos los niveles (local, comunitario y estatal) y aspiraremos a lograr que nuestros objetivos de defensa de los derechos de los ciudadanos mentalmente enfermos, logren la visibilidad social y mediática imprescindible para situarse como una prioridad colectiva en el lugar que le corresponde. Y ello significa hoy que aspiramos a que la asistencia a los pacientes experimente una mejoría muy sustancial, tras muchas décadas en que el derecho a una adecuada atención ha sido relegado en función de otras prioridades históricas.

Esto no es menos que decir servicios de calidad con dotaciones presupuestarias adecuadas, esto es, atención a los problemas tradicionalmente considerados como sanitarios – es decir, la mejor intervención médica, con la tecnología que pueda ser necesaria -, además de las intervenciones psicosociales que la investigación de los últimos años está mostrando como eficaces para la recuperación de las habilidades perdidas de los pacientes, y los servicios y apoyos sociales adecuados para que todos los ciudadanos enfermos puedan desarrollar una vida digna, con apoyo en áreas sensibles como la residencia, la independencia económica, el acceso a los servicios comunitarios, oportunidades de acceso a puestos de trabajo legalmente protegido y  a una red social mínima.

Desde luego, no ignoramos la magnitud del reto que afrontamos, ni las dificultados que habremos de afrontar. Pero partimos de la base que siendo España es un Estado que ha sido capaz de lograr un cambio asombroso en las últimas décadas, y que cuenta con una de las generaciones de profesionales mejor formadas de nuestra historia, como se demuestra en el panorama internacional en campos tan diversos como el artístico, el deportivo o científico, debe ser capaz de realizar el esfuerzo necesario, empezando por corregir nuestra situación de clara inferioridad relativa en términos presupuestarios, y de infraestructura social –estamos en la cola de la UE en porcentaje de PIB dedicado a gasto sanitario y social-.

No partimos de cero, antes la contrario, contamos con profesionales con recorrido y experiencia en situaciones muy dispares: las experiencias urbanas de Madrid o Barcelona, distintos modelos organizativos como en Cataluña, Andalucía o Euskadi, nuevos retos como los derivados de la inmigración y la aparición de minorías étnicas, comunidades que están implantando sus sistemas como es el caso de ambas Castillas o Aragón, descubriendo y afrontando sus particularidades culturales y demográficas, hasta el caso singular de Canarias que constituye todo un desafío logístico.

Tenemos un proyecto bastante definido que hemos ido perfilando a lo largo de los últimos años con numerosos encuentros y jornadas locales y reuniones de nuestra primera Junta Directiva. Nos habíamos propuesto –y así estamos haciéndolo-  una Federación integradora de todas aquellas asociaciones que deseen participar del proyecto, con una organización muy ligera, con estatutos que garanticen la transparencia, la participación y la rotación en los puestos de responsabilidad. Queríamos tener presencia en las organizaciones internacionales de nuestro interés, especialmente la WAPR . Queríamos disponer de una publicación de alto nivel, celebrar actos científicos, crear un órgano independiente de seguimiento de la actualidad en estado español.

Las bases para abordar ese trabajo ya están puestas. Tenemos una Federación legalmente constituida con 17 asociaciones, que vincula a más de 1000 profesionales y  varias solicitudes de adhesión. Estamos integrados en la WAPR de forma plena, tenemos en marcha el Observatorio de Rehabilitación, una Revista de Rehabilitación ya consolidada, hemos realizado dos congresos nacionales que a su vez han sido Regionales Europeos WAPR.


Si logramos que este esfuerzo inicial se consolide, que el proyecto interese a los profesionales y somos capaces de armarnos de paciencia cuando parezca que nuestro esfuerzo no se ve recompensado de inmediato, sabremos que hemos dignificado nuestra profesión y contribuido a acercar la dignidad ciudadana a la vida de nuestros pacientes.



©FEARP 2004-2008