EDITORIAL. Para los Enfermos Mentales, Muerte y Miseria*


For the Mentally Ill, Death and Misery, es el título de un reportaje de investigación periodística que The New York Times publicaba el 28 de abril,  acerca de la situación de los enfermos mentales graves en la ciudad de Nueva York (que con perdón del New York Times, y ya que su acceso es de pago, publicamos completa en nuestras highlights) 5.000 personas (mayoritariamente pobres, negros e hispanos, además de esquizofrénicos) viviendo en 26 residencias en condiciones que se revelan a menudo lamentables. Residencias privadas, regidas con criterios empresariales, sin personal especializado, donde los pacientes (sí, pacientes, no usuarios ni clientes) languidecen y se deterioran en la misma o mayor medida que cuando vivían en el Hospital Psiquiátrico de Manhattan, con sus 10.000 camas, pero con sus muros protegiéndoles de  la comunidad.  Víctimas de una mal entendida desinstitucionalización, que considera por principio que cualquier lugar es mejor que un hospital, y que malviven aislados en apartamentos atendidos por personal escaso y sin formación, recibiendo como única atención su puñado diario de pastillas.

Reinventado la Rueda es, por otra parte, el título de un reciente editorial  de Psychiatric Services (no accesible para no suscriptores), en alusión a un artículo publicado en el mismo número (Psychiatr Serv 53:565-573, May 2002, accesible el abstract) acerca de los aspectos sociales de la enfermedad mental severa: desempleo, falta de alojamiento, criminalidad y encarcelamientos etc. se presentan en el artículo como consecuencia no tanto de la enfermedad como de la pobreza y marginalidad en que a menudo viven las personas con estas enfermedades. En algún sentido el artículo minimiza el papel de la enfermedad mental severa (especialmente la no tratada) y enfatiza el componente social, el entorno desfavorecido. Un comentario crítico a dicho artículo aparece también en el mismo número, resaltando el papel de la enfermedad mental no tratada en dichas situaciones sociales y la necesidad de no olvidar que estamos ante patologías severas, y que la falta de tratamiento adecuado de las mismas genera consecuencias muy graves;  que no hay que olvidar que dichos problemas sociales son la consecuencia de un problema, no el problema en sí. El editorial hace alusión a que dicha asociación es ya bien conocida, y que precisa acciones concretas, más que nuevas investigaciones.

Pues bien, el actual énfasis en el aspecto social, no solo desde el punto de vista "clínico", sino también desde la financiación y organización de servicios (el famoso espacio sociosanitario) comienza a correr el riesgo de un excesivo peso de  lo social y una minimización de lo bio y lo psico. Muchos pacientes languidecen en unidades psiquiátricas a la espera de recursos sociales (y a menudo les llamamos "pacientes sociales", ¿un  escalón aún por debajo de los crónicos?). Pero puede empezar a pasar lo contrario, que los pacientes psiquiátricos graves languidezcan en recursos sociales, sin acceso a recursos psiquiátricos de calidad (siendo los pacientes más graves). El abandono por parte de la psiquiatría de los pacientes graves y crónicos, que plantean problemas que trascienden la mera administración de medicación parece un riesgo real. Los psiquiatras cada vez dejamos más en la mano de otros colectivos con los que trabajamos diariamente la asistencia directa de dichos pacientes: psicólogos, monitores, asistentes sociales, enfermería, en equipos que llamamos multidisciplinares y que a menudo carecen de más presencia del psiquiatra que la de hacer recetas de vez en cuando. Todos nuestros refuerzos están dirigidos a prescribir fármacos, y las intervenciones psicosociales, complejas, necesitadas de formación, tiempo y recursos, no son muy populares entre los psiquiatras, que raramente reciben regalos, viajes o dinero por utilizarlas en sus pacientes...(o simplemente por escuchar a los representantes de las compañías farmacéuticas, única fuente de información profesional para algunos colegas...) Y cuando concluimos que un paciente es ya "residual", cuando ha cubierto ese camino de deriva social, pérdida de soporte sociofamiliar, alta dependencia de servicios, falta de medios económicos, alojamiento inadecuado, etc., empezamos a olvidarnos de su componente bio y a fijarnos en él como un mero receptor de recursos sociales, minimizando las necesidades de tratamiento psiquiátrico y olvidando que tales consecuencias se han ido produciendo, perpetuando y manteniendo en el contexto de la evolución de una grave enfermedad psiquiátrica, de síntomas positivos y negativos, de una inexorable pérdida de competencia social..  Es posible que estemos ante un creciente abandono por parte de la psiquiatría de este grupo de pacientes, traspasándolos a lo social, y minimizando su componente bio-psico

Ahora que está de moda lo de usuarios, clientes, etc., para muchos enfermos parecería mejor ser considerados pacientes, término por otra parte digno y no estigmatizante en absoluto, pero que resalta algo fundamental: que son personas enfermas, a menudo muy enfermas, y que entre sus necesidades la primera y más fundamental es la cobertura de la asistencia médica y psiquiátrica. La mejor y más sofisticada asistencia, por parte de los mejores profesionales. Y luego, lo demás.

*Editorial publicado en el THMNews Nº 107  ©Thoriherri Medical Association 1998-2002

Federación Española de Asociaciones de Rehabilitación Psicosocial
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