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BOLETÍN
INFORMATIVO Nº 4 SUMARIO Actividades EditorialColaboraciones Noticias de interés |
ACTIVIDADES |
Reunión ASVAR-FEARP.
En el marco de las V Jornadas de Rehabilitación Psicosocial, organizadas por el Hospital de Zamudio en el Palacio de Congresos Euskalduna los días 21 y 22 de noviembre, se celebró una nueva reunión de la Asociación Vasca de Rehabilitación Psicosocial, acogiendo además la primera reunión de la recién creada Federación Estatal de Asociaciones de Rehabilitación, organización que pretende dar un impulso a la colaboración entre las personas que trabajan en este ámbito a escala estatal, y su implicación en organismos internacionales. Con dicho objetivo hemos contado con la presencia del Dr. Ricardo Guinea, presidente de la Federación Estatal, con representantes de las asociaciones autonómicas de Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Canarias, Extremadura, Aragón, Andalucía y el propio País Vasco, así como del Profesor Zebulon Taintor, actual presidente de la Asociación Mundial de Rehabilitación Psicosocial (WAPR). La reunión acogió, a lo largo de la tarde del jueves, a más de 80 personas de diferentes comunidades y profesiones relacionadas con el ámbito de la rehabilitación y de la asistencia a la enfermedad mental severa.
Ricardo Guinea, como presidente de la Federación, realizó una presentación del proyecto y una breve historia de la Federación y del movimiento asociativo de profesionales en el campo de la rehabilitación, e hizo una serie de consideraciones generales sobre el significado y la importancia de la rehabilitación en el contexto actual de la asistencia sanitaria y social, y sobre la importancia de mantener el esfuerzo desde la sociedad civil para apoyar la Rehabilitación Psicosocial de personas con enfermedades psiquiátricas discapacitantes, difundir los hallazgos científicos referentes a la Rehabilitación para su conocimiento, mejor aplicación y difusión de la excelencia profesional. Hace también alusión a las dificultades encontradas para realizar esa labor desde la experiencia de 12 años de la AMRP (asociación madrileña).
Tras esta exposición se da comienzo a la asamblea, dentro de la cual se tratan diversos temas entre los que destacan los siguientes destacan los siguientes:
· La propuesta de creación de un “Observatorio Permanente sobre Rehabilitación Psicosocial”, y que se cree una comisión técnica que pueda emitir un informe anual sobre los indicadores que valore como más adecuados y disponibles.
· La posibilidad de establecer una relación estable entre la WAPR y la FEARP. Se valora que el estado actual de la FEAPR, en fase casi constituyente, no permitirá dedicar mucho esfuerzo a ese particular durante algún tiempo. Se pide a Zebulon Taintor, presidente de la WAPR, que proponga un modo de articulación entre las dos entidades.
§ Se presenta el proyecto de la página Web de la Federación y la reserva del dominio www.fearp.org por un año. Propone incluir en próxima asamblea, como punto a discutir, adoptar el documento –disponible ya en la Web- titulado “Declaración de Consenso WAPR / WHO” como marco de consenso para definir la Rehabilitación Psicosocial en tanto la federación no produzca sus propios documentos.
§ Martín Vargas, Presidente de la Asociación de Castila-León y responsable de publicaciones –por acuerdo de la Junta en Barcelona- informa sobre su proyecto de creación de una revista, y resume brevemente el informe que remitió a todos los presidentes. M. Vargas informa que se llamaría, “Revista de Rehabilitación Psicosocial y Neurocognitiva”, se financiaría por ingresos atípicos provenientes de la industria farmacéutica, tendría tres o preferiblemente cinco editores, y un consejo editor amplio de cuarenta o cincuenta expertos. Aporta una lista de personas que ya han expresado su aceptación de pertenecer al consejo editor. Informa que habría que ampliar la lista de editores y propone que se realicen propuestas de nuevos miembros de para el Consejo Editor. Se abre el debate sobre la denominación de la revista y se propone elaborar un nº 0 y evaluar después el resultado.
§ Fermín Mayoral, Presidente de la Asociación andaluza, informa sobre el proyecto del 1º Congreso Nacional FEAPR en Andalucía. F. Mayoral informa que no hay un proyecto desarrollado, pero que la asociación andaluza podrá organizarlo en 2004, en primavera u otoño. Se debate la oportunidad de la fecha y se acepta, quedando a la espera que desde Andalucía se elabore un proyecto mas definido.
EDITORIAL |
Psicofármacos y Rehabilitación
No parece discutible en estos momentos el valor y la importancia de los tratamientos farmacológicos, antipsicóticos en este caso, en el abordaje de las personas que padecen trastornos psicóticos de curso crónico. Sin embargo existen aspectos que han sido escasamente evaluados, y que limitan las conclusiones que pueden establecerse relativas al verdadero impacto del tratamiento farmacológico en la evolución a largo plazo, y especialmente en lo que se refiere al peso relativo que las diferentes intervenciones no farmacológicas tienen en dicha evolución. Lo cierto es que la "farmacologización" de la asistencia parece extenderse por un lado a la medicalización de conductas sociales discutiblemente entendibles bajo un modelo de enfermedad, y por otro a un abordaje parcial y simplista, fundamentalmente farmacológico, de enfermedades mentales severas, como la esquizofrenia, para las que se conoce de forma taxativa la eficacia de intervenciones no farmacológicas usadas en combinación con la medicación.
A pesar de que han pasado 50 años desde la introducción de los primeros antipsicóticos, lo cierto es que los avances científicos que se vislumbraban (y que en muchos aspectos se han producido, en la genética, en la bioquímica, etc.), no parecen haberse traducido en avances determinantes en la comprensión y sobre todo en la evolución final de nuestros pacientes. La realidad es que hemos producido una gran cantidad de conocimientos, de nuevos fármacos y abordajes terapéuticos, y hemos dotado a la psiquiatría de un innegable prestigio científico del que quizás carecía. Pero la relevancia de este conocimiento y de esta respetabilidad científica en el día a día de la vida y evolución de nuestros enfermos psicóticos más graves no está tan clara. La esquizofrenia sigue siendo una enfermedad a menudo de curso crónico, en muchos casos deteriorante, para muchos pacientes con sintomatología persistente, y que origina graves, muy graves problemas de integración social y para vivir una vida plena y satisfactoria, así como una enorme carga económica y emocional para sus familias. La aparición de la nueva generación de fármacos antipsicóticos, que ha revolucionado el mercado y la industria farmacológica, no parece sin embargo haberse traducido en una revolución similar en el día a día de los pacientes más graves. Y aunque sea desde luego un argumento algo demagógico, lo cierto es que aún hoy en día los pacientes con esquizofrenia que viven en países en vías de desarrollo siguen teniendo una mejor evolución global que los que viven en países desarrollados, donde sí tienen acceso a los nuevos medicamentos. La realidad es que en el momento actual los tratamientos farmacológicos de enfermedades mentales severas de curso crónico, como la esquizofrenia, es un eslabón fundamental pero no suficiente en dicha asistencia, y su valor muy escaso si no se contempla en el contexto de un programa integrado asistencial que incluya intervenciones psicosociales y de rehabilitación.
En el año 2000, el consumo farmacéutico público total en el estado español (en farmacias y hospitales) ascendió a más de 1 billón, 435.000 millones de pesetas (unos 8.625 millones de euros), llevándose la tercera parte de los recursos financieros del sistema, resultado de un crecimiento constante y desmedido (Costas Lombardía, 2002). Entre 1991 y 2000 el gasto farmacéutico total ha pasado a suponer del 22% al 33% del presupuesto sanitario global, el porcentaje más alto de todo el mundo desarrollado. El problema del crecimiento del gasto no sólo puede medirse en términos de coste global, sino también del llamado “coste de oportunidad”: la desatención y la falta de recursos para otras necesidades del sistema.
El resultado de desatender las intervenciones psicosociales en favor de una asistencia exclusivamente farmacológica, por muy atípica que sea, puede ilustrarse con los resultados de ensayos clínicos conocidos desde hace más de una década, resultados que por otra parte los nuevos antipsicóticos no han modificado de forma esencial. Los pacientes que recibieron medicación antipsicótica cuidadosamente ajustada, psicoeducación familiar, entrenamiento en habilidades sociales y gestión de casos recayeron en 0 ocasiones (es decir, ninguno) en el primer año de seguimiento, mientras que lo hicieron el 40% de los que recibieron medicación y gestión de casos, un 21% de los que recibieron además entrenamiento en habilidades sociales y un 19% de los que recibieron medicación, psicoeducación familiar, y gestión de casos (Hogarty, 1991; Falloon, 1999).
Algunas de las ventajas que se argumentan para defender el uso de los antipsicóticos atípicos como tratamiento de primera línea de la enfermedad mental severa son:
· Mejor tolerancia.
· Mayor cumplimiento.
· Mejor perfil “cognitivo”.
· Mayor eficacia sobre síntomas positivos.
· Mayor eficacia sobre síntomas negativos.
· Menor riesgo de discinesia tardía.
· Mayor impacto sobre dominios de calidad de vida, reinserción social, reducción de hospitalizaciones.
Se han atribuido a este grupo de fármacos ventajas terapéuticas que incluyen una mayor eficacia sobre sintomatología positiva y negativa, un mejor perfil de efectos secundarios (incluyendo el riesgo de síndrome neuroléptico maligno y discinesia tardía), una mejor aceptación por parte de los pacientes, un mejor cumplimiento, una reducción de estancias hospitalarias y efectos positivos sobre la función cognitiva. Sin embargo la evidencia es discutible y/o escasa para soportar la mayoría de estas afirmaciones. Hoy en día podemos estar de acuerdo con el Informe sobre Salud Mental de la OMS (2001), cuando dice:
"Una síntesis de la evidencia disponible indica que las medicaciones antipsicóticas de segunda generación (o atípicos) tienen un mejor perfil de tolerancia (menores efectos secundarios), pero no son significativamente más eficaces que los antipsicóticos clásicos y son mucho más caros."
Lo cierto es que hay cierta distancia entre la aparente evidencia apoyada en los ensayos clínicos más o menos auspiciados por la industria, y la que aportan entidades independientes como la Colaboración Cochrane, mucho más cautos. Algunas revisiones han tratado de esclarecer la eficacia y tolerancia comparada con clozapina, sin poderse extraer aún resultados concluyentes (Tuunainen, 2002). Otras revisiones han evaluado la eficacia y tolerancia de olanzapina (Duggan, 2002), risperidona (Kennedy, 2002), quetiapina (Srisurapanont, 2002) o ziprasidona (Bagnall, 2002), también sin resultados concluyentes. Algunos estudios recientes (Csernansky, 2002) parecen mostrar sin embargo ventajas relativas (en este caso de la risperidona sobre el haloperidol), en la prevención de recaídas, y estudios multicéntricos observacionales en gran escala parecen haber mostrado ventajas en dominios como la calidad de vida, número de hospitalizaciones y funcionamiento social.
El propio informe de la OMS anteriormente citado dice:
"El mayor coste de dichos fármacos puede contrarrestarse por una reducción en los costes de otras necesidades de tratamiento, que presumiblemente evitarían (como por ejemplo, tiempo de hospitalización)"
Algunos estudios muestran que el mayor coste de los fármacos atípicos se contrarresta de forma amplia por un menor coste sanitario y por un mayor impacto sobre dominios como la calidad de vida (Knapp, 2000). Sin embargo el impacto real de dichos tratamientos sobre el uso de servicios y el coste de la asistencial global sigue siendo controvertido (Fuller, 2002).
Documentos de consenso de la World Psychiatric Association (WPA, 2002) abundan en esta idea.
"Es importante reconocer que no deben excluirse los nuevos y más caros agentes farmacológicos únicamente sobre la base de su coste económico. Estos fármacos pueden tener una mayor eficacia, menos efectos secundarios y un mejor cumplimiento, favoreciendo una reducción de los gastos a largo plazo y una mejor asistencia. Los pacientes psiquiátricos tienen derecho al tratamiento más eficaz disponible, con los menores efectos secundarios. Muchas intervenciones psiquiátricas, desde la institucionalización a la farmacoterapia pueden producir efectos secundarios indeseables, que además favorecen el estigma. Es esencial evitar las consecuencias negativas de las hospitalizaciones repetidas y/o prolongadas. Es importante también atenuar o eliminar los efectos secundarios indeseables de los tratamientos farmacológicos utilizando las menores dosis posibles".
"La evidencia científica acerca de la efectividad y el perfil de efectos secundarios de los antipsicóticos de segunda generación…justifica el considerar a estas medicaciones entre las opciones para el tratamiento inicial de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos".
A la hora de considerar los efectos clínicos, económicos y asistenciales de los tratamientos farmacológicos es necesario tener en cuenta que los datos que se obtienen de estudios controlados y ensayos clínicos tienen que ver poco con la realidad cotidiana. Muchos ensayos clínicos incluyen seguimientos a corto plazo, y los pacientes incluidos raramente son representativos de los pacientes estándar o de la asistencia estándar. Por otro lado, la mayoría de los pacientes siguen tratamientos combinados con otras medicaciones, lo que limita la valoración, y las posibles ventajas cognitivas (benzodiacepinas, otros antipsicóticos, antipsicóticos clásicos) o de tolerancia. De especial interés es la creciente costumbre de asociación con estabilizadores del humor, cuyo uso se ha incrementado de forma exponencial en los últimos años (bajo la clara presión de la industria farmacéutica), especialmente el de nuevos estabilizadores como la gabapentina, el topiramato o la oxcarbamacepina, que aunque recomendados en las guías asistenciales como tratamiento asociado en pacientes resistentes, cuentan con muy escaso soporte de evidencia en cuanto a eficacia, y un conocimiento sobre su tolerancia, sobre todo en tratamientos a largo plazo, muy escaso. La realidad es que el porcentaje de pacientes (y cuanto más severos con más frecuencia) que siguen tratamientos combinados con fármacos atípicos y típicos es muy elevado, con lo que los efectos son muy difíciles de evaluar, y las pretendidas ventajas de tolerancia pueden minimizarse, sin una reducción de los costes. No hay que desestimar tampoco el creciente hábito clínico de combinar los nuevos estabilizadores del humor (anticomiciales en su mayoría) con antipsicóticos, muchas veces incluso en ausencia de clara clínica afectiva asociada, sin que las ventajas, y lo que es más importante, los riesgos de tales asociaciones estén en absoluto evaluadas. El resultado es que en la realidad el régimen terapéutico farmacológico de muchos pacientes es cada vez más complejo, incluyendo una mezcla heterogénea de antipsicóticos atípicos, típicos, antidepresivos, benzodiacepinas, estabilizadores del humor, hipnóticos, etc., con un elevado coste total. (Fleishman, 2002). Por otro lado el concepto de tolerancia en el caso del tratamiento con antipsicóticos es relativo. En general solemos asociar tolerancia a ausencia de efectos extrapiramidales (EPS) como el parkinsonismo, las distonías o la acatisia. Sin embargo cada vez más toman relevancia otros efectos secundarios a los que estamos menos habituados, pero que comprometen de forma muy importante la calidad de vida de las personas que toman dichos fármacos: efectos cardiovasculares (QT, miocardiopatías), incremento de peso, disfunción sexual, diabetes, etc. Por otro lado es posible que algunos efectos secundarios a largo plazo todavía no sean evidentes, especialmente el riesgo de discinesia tardía.
Aceptando estas consideraciones es necesario hacer hincapié no sólo en reivindicar que se asuma el coste económico de los tratamientos farmacológicos de última generación, sino que esto no conlleve la no disponibilidad de recursos económicos para otras intervenciones no farmacológicos de eficacia ampliamente demostrada e impacto muy elevado sobre la evolución y la calidad de vida del paciente. Es decir, que el incremento en los costes de tales tratamientos no se asuma a expensas de recortes en otras áreas de intervención. A la hora de asignar recursos es necesario tener en cuenta el contexto global, y la necesidad de priorizar recursos que no son infinitos. La creciente farmacologización de la asistencia y su impacto económico hace aún más necesario garantizar la asignación de recursos para abordajes psicosociales y apoyo comunitario y social suficientes.
José J. Uriarte
COLABORACIONES |
LA FUNCIÓN DE LAS ASOCIACIONES Y FUNDACIONES EN LA ASISTENCIA INTEGRAL A LA ENFERMEDAD MENTAL SEVERA.
APARICIÓN DE LAS ASOCIACIONES Y FUNDACIONES DEDICADAS A LA SALUD MENTAL.
De todos es conocida la cultura asociacionista y de voluntariado que impregna al tejido social en el País Vasco. Esta cultura nace desde las relaciones sociales y desde los hábitos compartidos que se convierten en un cierto código normativo de reglas, formas de actuar, regímenes internos y pautas de militancia.
En concreto la cultura asociacionista en el País Vasco nace de la reivindicación y desde el movimiento más sencillo y cercano entre los ciudadanos, como por ejemplo, las Asociaciones de Vecinos. Nacen en definitiva de lo voluntario y lo no profesional, de lo alternativo a lo establecido legal e institucionalmente.
Son espacios de expresión libre, compartido y responsable siempre en busca de unas actuaciones a favor de la justicia social. Esa justicia social, según épocas, se inclinaba hacia campos políticos y de libertad (movimientos sindicales, estudiantiles, intelectuales...), otras veces hacia campos solidarios y de exclusión social (movimientos diocesanos, juveniles, parroquiales, scoutistas), (tercer mundo, cuarto mundo, drogodependencias, inmigrantes, menores institucionalizados), y en ocasiones hacia la minusvalías, antimilitarismo, ecologismo, feminismo, presos. En muchos casos estos campos se mezclan en la militancia porque las personas abarcan más de uno normalmente.
Es decir son todos ellos campos promovidos por un estímulo social que provoca una respuesta primero individual y luego colectiva. Es algo intrínseco a la dimensión ética y moral. Estímulos que implican aspectos de la vida humana que están siendo problemáticos porque no están dirigidos hacia un bienestar común, respetando las felicidades individuales, sino que son llamadas de atención en un mundo que sufre injusticias de diversos tipos.
Es el propio ser humano quien crea esas injusticias y el que intenta dar respuesta a las mismas. Por lo tanto los movimientos sociales apelan primero al análisis de la realidad, al juicio sobre la misma y por último a la acción para la transformación.
¿Quién promueve estos movimientos asociativos? Normalmente tejidos sociales formados por personas con cierto nivel cultural y formativo, que no están implicados en el problema y tejidos implicados en el problema directamente. Por ejemplo, no implicados directamente: estudiantes, Universidades, Parroquias, Clubes Sociales, Movimientos alternativos (antiglobalización, ecología, antimilitarismo), algunos profesionales por ejemplo ASVAR, nuestras asociaciones. Implicados directamente: Asociaciones de afectados, Familiares, Movimientos obreros, sindicales “partidos políticos” (bases).
Este, “quién” les promueve, es muy importante porque de estos tejidos sociales antes descritos, nacen también las Asociaciones y Fundaciones que trabajamos en Salud Mental.
Veamos un poco cuál podría haber sido el proceso en esa creación.
En el análisis de la realidad, nos encontramos con el proceso iniciado de desinstitucionalización de las estructuras y políticas en salud mental, un cambio de mentalidad.
Esa realidad se juzga desde claves de exclusión, precisamente porque al enfermo se le trata como a una persona con unos derechos que al verse en ese proceso de normalización y mayor libertad se ve que se le niegan porque ni ellos, ni la sociedad ni desde las instituciones se integra adecuadamente y nos damos cuenta que aparecen injusticias hacia un colectivo con problemas.
Entonces qué hacemos. Y aparecen esfuerzos de personas concretas apoyadas por algunas instituciones creando asociaciones en cuyos fines se encuentra en primer lugar luchar contra las injusticias que sufre el enfermo mental.
Cada asociación según su filosofía, capacidad, apoyo y enfoque teórico de sus promotores, intenta dar salida de la manera más integral posible a los problemas de este colectivo.
Estos promotores salen del campo profesional (psiquiatras y personal relacionado), del campo diocesano (órdenes religiosas y voluntariado de parroquias) y de familiares de afectados y afectados, fundamentalmente.
Es decir de tejidos sociales con alto nivel cultural no implicados directamente y de tejidos sociales de implicados directamente.
Esto ocurre desde finales de los 80 hasta nuestros días.
¿Por qué no hemos avanzado en Salud Mental tanto en estos 15 años? ¿O por qué tenemos esa sensación respecto a otras asociaciones o colectivos? Primero porque hemos empezado tarde respecto a otros movimientos. Esto ha hecho que la percepción social del problema se haya medio ignorando hasta hace poco. Y el ver del que hablábamos antes no ha sido juzgado adecuadamente para luego actuar.
Segundo porque la integralidad del problema se ha abordado no hace mucho, habiendo sido un campo dominado por lo profesional y médico, abandonando el campo donde juega el tejido asociativo que es precisamente el campo social.
Y tercero porque ese cambio de mentalidad (desinstitucionalización) tiene que ser controlado y paulatino y no puede correr tanto como otros movimientos con la acción inmediata.
¿Entonces no hemos avanzado? Sí porque las asociaciones y fundaciones trabajan adecuadamente, de una manera integral y porque estamos ya compartiendo desde los procesos de calidad y desde ASVAR, una manera de trabajar donde lo que nos importa es que el enfermo sea lo más libre y feliz posible desde una inserción e incorporación lo mejor posible, es decir donde el actuar ya se encamina como el de cualquier movimiento social, romper las barreras de injusticia que obstaculizan el desarrollo personal del enfermo.
Y ésta, a mi entender, es la función de estas asociaciones y fundaciones: Trabajar profesionalmente desde esquemas de movimiento social en favor de los derechos del enfermo.
ACTUALMENTE
Hoy en día hay diversas asociaciones y fundaciones en el País Vasco: AVIFES, AGUIFES, ASASAM, EGUNABAR, ARGIA, ERAGINTA, BIZITEGI, IZARRA... Todas ellas están relacionadas con el ámbito institucional de los Hospital Psiquiátricos de la Comunidad, lógicamente por el colectivo con el que trabajan. Y con los entes sociales y administrativos a los cuales deben responder económicamente.
Los campos de actuación son prácticamente los mismos porque al final la persona en su integralidad es la misma para el abordaje de sus problemas Lo que cambia son filosofías de actuación, marcos teóricos, programas, número de trabajadores, de voluntariado, instituciones que les apoyan etc., según su programa o estructura principal.
Básicamente entre todos trabajan: en el campo laboral, formativo, alojamientos, tiempo libre, autocuidado, familias, psicoeducación, habilidades sociales.
Algunas son asociaciones y otras fundaciones, pero esto no es lo más importante desde este análisis.
RETOS QUE SE DEBEN AFRONTAR
Cuando anteriormente citaba que el origen en algunos casos de estas asociaciones habían sido órdenes religiosas. Es algo tan importante como decir que nacieron en parte bajo una filosofía asistencialista de atención. Con lo cual debemos analizar los pros y contras de la misma en relación a lo indicado sobre las funciones de las asociaciones.
Primer reto:
§ Ajustar la mentalidad asistencialista a la hora de trabajar con este colectivo.
§ En segundo lugar si somos asociaciones, el carácter organizativo como tal debe ser lo más participativo posible.
Segundo reto:
§ Participación e implicación máxima entre los profesionales y voluntarios a la hora de marcar líneas de actuación en nuestro trabajo.
§ Otro elemento de lo asociativo es la denuncia.
Tercer reto:
§ Ser agentes de reivindicación y denuncia sabiéndolo hacer ante instituciones, medios de comunicación y la propia sociedad en general.
§ En cuarto lugar las asociaciones solas mueren, deben relacionarse y coordinarse.
Cuarto reto:
§ Coordinación, respeto y ayuda entre las asociaciones, trabajar siempre por el beneficio del enfermo, no por protagonismos concretos.
§ Por último, la renovación, las ideas nuevas, el dinamismo en definitiva es lo que da longevidad a una asociación. No podemos ser conservadores en nuestro funcionamiento si queremos transmitir avances en los procesos de rehabilitación.
Quinto reto:
§ Ser creativos y valientes. Continua evaluación y puesta en práctica de proyectos innovadores que se ajusten a las necesidades del enfermo.
CONCLUSIONES:
Como Asociaciones tenemos algo de camino recorrido, pero nos queda el “desierto”. Somos una fuerza viva, joven. Tenemos que aprovechar los cambios de mentalidad e introducir allá donde se desarrolla nuestra labor por pequeña que sea en cuanto a responsabilidad, ese cambio que nos inquieta en la mente, y que es positivo para el enfermo. Con pequeños cambios se llega al cambio. Si empezamos con los retos iremos haciendo de ese desierto un camino con campos más fructíferos por pequeños que sean los árboles.
Carlos Gil
NOTICIAS DE INTERÉS |
Noticias WEB
www.fearp.org: es la página web de la Federación de Asociaciones.
Cursos y Congresos
· VIII Congreso Mundial de Rehabilitación Psicosocial. Nueva York 3-5 agosto 2003. www.wapr.net
· II Reunión de la Asociación Castellano y Leonesa de Rehabilitación Psicosocial Ávila (Monasterio de Santa Ana), 27 a 29 de marzo de 2003. www.fearp.org/IIReuCasLeon.htm
· III Premio de la Asociación Madrileña de Rehabilitación Psicosocial www.fearp.org/IIIpremio.htm
· lII Jornadas de Rehabilitación en Salud Mental. Ante una nueva realidad ¿Nuevos retos para viejos problemas? Martorell, 10 y 11 de abril de 2003 www.fearp.org/jormart.htm
· XXII Congreso de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Oviedo 11-14 de Junio 2003 www.22congresoaen.com
Seminario de rehabilitación psicosocial
La Rehabilitación psicosocial: ¿disciplina?, ¿conjunto de técnicas?, ¿teoría unificada?, ¿movimiento ciudadano?, ¿refugio de justicieros?, ¿rehabilitamos?, ¿reinsertamos?, ¿integramos?, ¿funciona sistemáticamente o suena la flauta de vez en cuando?, ¿es el futuro?
Algunas preguntas, entre otras muchas, que nos hacemos al contrastar nuestras experiencias y sobre todo que brotan irreprimiblemente cuando intentamos hacer eso que denominamos REHABILITAR. La gestación de un foro o seminario en el que integrar, resolver, aportar y opinar sobre lo que hacemos, como lo hacemos y para que lo hacemos era una obligación prácticamente ineludible pero además será seguramente un ejercicio apasionante y enriquecedor al que todos estamos invitados.
Consecuentemente ASVAR ofrece la realización de una actividad con las siguientes características:
· Grupo de un máximo de 12 personas y un mínimo de 5 personas. Si hubiera más de 12-15 personas interesadas se contemplaría la realización de dos grupos con temáticas distintas.
· Duración de las reuniones de un máximo de 3 horas.
· Localización: se puede plantear la itinerancia entre los tres territorios en función de la procedencia de los integrantes.
· Periodicidad: 5 reuniones al año, más o menos bimestral.
· Composición multidisciplinar: Se exige como condición el compromiso de acudir y leer el material. Así mismo es importante la disposición a la investigación y a participar de forma activa y crítica en el seminario. En principio grupo abierto, sin selección de miembros
· Objetivos: de forma genérica reflexionar sobre cuales son los límites y el objeto de la rehabilitación psicosocial. ¿Es lo mismo rehabilitación que intervención en psicosis?
· Metodología: en cada reunión hay un material preparado y previamente repartido. Hay una serie de cuestiones que sirven como guión a la reunión. Entre reuniones funcionan los emails intergrupo. Habrá que ver como se estructura el que una persona actúe de secretario y levante actas (resúmenes) de las reuniones.
· Liderazgo concreto limitado a la coordinación del seminario (Material, guión, actas…). El resto de decisiones (dónde, cuándo, quién…) las toma el grupo.
· Material: manuales clásicos (americanos y europeos). Bibliografía aportada por las asociaciones vasca, española y mundial de rehabilitación.
· Continuidad: en principio 10 -11 reuniones. Dos años. Pero se debe consensuar la continuidad.
Lógicamente las características arriba mencionadas pueden sufrir algún cambio (Itinerancia…) si hay un acuerdo amplio. Para todos aquellos que estéis interesados os animo a poneros en contacto, a través de e-mail jarica@hber.osakidetza.net como fórmula preferentísima y a los que no les importe esperar en el teléfono 946029000.