BOLETÍN INFORMATIVO   Nº 2 
Marzo 2001
 

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ACTIVIDADES

 

 

 

3ª REUNIÓN DE LA ASOCIACIÓN VASCA DE REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL

 

El día 1 de Junio de 2002 se celebrará en el marco del Hotel Esperia Zubialde (BILBAO)  la III reunión de socios de ASVAR con el siguiente programa:

 

EDITORIAL

 

Resumen del trabajo realizado en los Talleres sobre “Rehabilitación Psicosocial” (2ª parte) celebrados en el contexto de las IV Jornadas de Rehabilitación en Psiquiatría del Hospital de Zamudio

 

La rehabilitación es un proceso de larga duración con diferentes fases no lineales. Por ello, debe ser concebida como algo dinámico donde el desarrollo y la puesta en práctica de planes individualizados, flexibles y revisables periódicamente resulta imprescindible. Asimismo, se debe tener en cuenta que la rehabilitación no es un fin en si misma, sino una herramienta que permite lograr la recuperación de la persona, es decir, que ésta logre vivir con su discapacidad manteniendo una actividad y roles adecuados a su entorno.

 

De cara a conseguir un proceso rehabilitador exitoso es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:

 

§         Debe ser puesto en marcha por un equipo multidisciplinar con conocimientos técnicos y teóricos en la materia, en el que cada uno de sus miembros comparta el objetivo común al que se dirige el proceso, así como la filosofía subyacente al mismo.

 

§         Deben ser profesionales motivados, que crean en la posibilidad de desarrollo y mejoría de sus pacientes. Esta actitud debe estar presente tanto en la elaboración de programas como en el desempeño del trabajo diario. Del mismo modo las metas planteadas deben ser realistas para evitar frustraciones tanto del propio profesional como de la persona objeto de la rehabilitación.

 

§         El proceso rehabilitador debe ser llevado a cabo, de tal manera, que en la medida de lo posible las actividades que lo componen actúen como reforzadoras en si mismas, logrando éxitos que supongan un paso hacia adelante.

 

En cualquier caso, no se debe perder de vista el hecho de que un proceso rehabilitador requiere de constantes ajustes en su puesta en marcha para poder consolidar los logros obtenidos. El aprendizaje de competencias debe ser continuo y flexible, además de contemplar el afrontamiento de los posibles retrocesos. Por ello la continuidad de cuidados debe ser tenida en cuenta, ya que las personas implicadas en el proceso de rehabilitación necesitarán recibir servicios y atención durante largos periodos, muchas veces de forma indefinida y preferiblemente por parte de los mismos servicios y personas.

En la realización de planes individualizados es importante tener en cuenta su orientación a la promoción de la autonomía de la persona, dadas las características y las circunstancias del usuario en ese momento dado. Del mismo modo, otro aspecto que apoya la necesidad de realizar planes individualizados, es el hecho de que cada persona es un mundo y por lo tanto cuenta con unas dificultades específicas y una forma concreta de afrontarlas.

 

De la misma forma, para evitar posibles fracasos, no podremos olvidar el medio particular en el que vive la persona, su vivencia única en cuanto a red familiar, social, situación económica, creencias, valores... El proceso rehabilitador debe dirigirse al mantenimiento y enriquecimiento del área social en el medio comunitario favoreciendo la integración. La intervención debe ser integral y no parcial. La familia y la comunidad deberán estar implicadas en el proceso. En esta línea, será importante la puesta en práctica de intervenciones psicosociales que promuevan el aprendizaje de roles lo más normalizados posibles y para ello resulta imprescindible dotar a estas personas de unas condiciones de vida lo más parecidas al del resto de la sociedad. En caso contrario siempre nos quedaremos a mitad de camino. Es necesario tener presente a lo largo de todo el proceso el hecho de orientar y potenciar las capacidades y habilidades que la persona con enfermedad mental severa posee y no sólo reducir el déficit.

 

Por otro lado, sería inútil trabajar sobre la persona queriendo lograr su autonomía, si no permitimos que haga ejercicio de su derecho a incidir sobre su vida, tomando sus propias decisiones acerca de su evolución y entorno. Para ello, necesitará apoyo y asesoramiento. Permitiendo esto, le estaremos reconociendo como persona capaz, además de otorgarle el sentido de responsabilidad sobre sus actos. Es importante ayudarle a restablecer el control sobre su vida siempre dentro lo posible y teniendo en cuenta sus capacidades y limitaciones. 

 

La persona a rehabilitar no debe ser un sujeto pasivo sino activo;  para ello la negociación usuario-equipo estará presente a lo largo de todo el proceso tanto en lo relacionado a los objetivos perseguidos como en la manera de llevarlos a cabo.

 

Para finalizar, constatar el hecho de que serán las estructuras intermedias las encargadas de ser el telón de fondo donde debe estar insertado el desarrollo del proceso rehabilitador, siendo éstas actualizadas de forma que sean capaces de adaptarse a las nuevas necesidades.

 

Esquema de trabajo en el proceso de rehabilitación

 

Por último, es imprescindible establecer a lo largo de todo el proceso un sistema de evaluación que tenga en cuenta al usuario, que permita la valoración de los objetivos y avances conseguidos, las intervenciones en el medio específico, así como la asistencia que se presta al usuario. Por tanto, el esquema a seguir en un proceso de rehabilitación debe tener en cuenta la planificación de las estrategias, el desarrollo de planes terapéuticos individualizados y el establecimiento de sistemas de control y evaluación, no perdiendo de vista que cada uno de estos pasos debe ser revisado constantemente si queremos que nuestro trabajo responda a las necesidades reales.

 

COLABORACIONES

 

El Camino hacia Adelante: Recomendaciones de la OMS sobre Salud Mental

 

El Informe  sobre la Salud en el Mundo 2001, Salud Mental: Nuevos Conocimientos, Nuevas Esperanzas presenta diez recomendaciones básica para mejorar la salud mental.  Dichas recomendaciones se pueden adaptar a cada país en función de sus necesidades y recursos.

 

1. Proporcionar asitencia en Salud Mental en la Atención Primaria

 

La asistencia y tratamiento de los trastornos mentales en el primer nivel de atención sanitaria permitiría facilitar y acelerar el acceso a los servicios para el máximo número de personas. Al proporcionar tratamiento en el ámbito de la atención primaria, aumentan las oportunidades de llevar a cabo un diagnóstico y un tratamiento precoces y un seguimiento apropiado, al tiempo que se reducen las exploraciones innecesarias y los tratamientos inapropiados o inespecíficos. Para conseguirlo, es necesario que el personal asistencial del nivel de atención primaria reciba formación en las competencias esenciales de atención de salud mental.

 

Varios países en desarrollo han puesto en marcha programas nacionales que integran la salud mental en la atención primaria. Países como el Brasil, Colombia, Irán, la India, Pakistán, Malasia, Nigeria y Sudáfrica han formado a médicos de atención primaria en el área de la psiquiatría, el afrontamiento del estrés causado por los desastres, la psicofarmacología, las técnicas de comunicación y entrevista, la terapia y la orientación de apoyo y la prevención de las enfermedades mentales.

 

2. Asegurar la disponibilidad de medicamentos psiquiátricos o psicofármacos

 

Los medicamentos utilizados para tratar los trastornos psiquiátricos y la epilepsia pueden clasificarse en grupos: antidepresivos para la depresión, antipsicóticos para los síntomas psicóticos, antiepilépticos contra la epilepsia, y ansiolítícos (o tranquilizantes) para la ansiedad. Los medicamentos psiquiátricos esenciales deben dispensarse y estar siempre disponibles en todos los niveles de la asistencia sanitaria, y deben figurar además en la lista de medicamentos esenciales de todos los países. Estos medicamentos pueden paliar los síntomas, reducir la discapacidad, acortar la evolución de muchos trastornos y prevenir las recaídas. A menudo constituyen el tratamiento de primera línea, sobre todo cuando no puede recurrirse ni a intervenciones psicosociales ni a profesionales altamente capacitados. Un reducido número de medicamentos basta para tratar la mayoría de las enfermedades mentales, y la mayoría de ellos son asequibles. La elección de un medicamento en lugar de otro depende en gran medida de su asequibilidad. Aunque algunos de esos fármacos son caros, los costos se ven a menudo compensados por la menor necesidad de otro tipo de atención y tratamiento. Varios países ya han incluido los medicamentos esenciales para la salud mental en su lista de medicamentos esenciales del nivel de atención primaria.

 

3. Prestar asistencia en la comunidad

 

Los servicios de salud mental deben proporcionarse en la comunidad de froma preferente que en instituciones y hospitales psiquiátricos. La atención comunitaria se traduce en mejores resultados terapéuticos y en una mayor calidad de vida de los individuos afectados por trastornos mentales crónicos. El traspaso de los pacientes de los hospitales psiquiátricos a los sistemas de atención comunitaria es una medida potencialmente eficaz, acorde con los derechos humanos, contraria a la estigmatización de quienes reciben tratamiento, y facilita el tratamiento precoz. Los grandes hospitales psiquiátricos custodiales deben ser sustituidos por centros de atención comunitaria. Con el fin de evitar la brecha entre servicios, dichos centros deben estar respaldados por camas psiquiátricas suficientes en hospitales generales y medidas de apoyo a la asistencia domiciliaria, para cubrir todas las necesidades de los enfermos mentales. Esta derivación hacia la atención comunitaria requiere la existencia de personal sanitario y servicios de rehabilitación en la comunidad, junto con la provisión de apoyo para las situaciones de crisis, viviendas protegidas y empleo protegido.

 

Un ejemplo de esa progresiva preferencia por los servicios basados en la comunidad lo proporciona Australia. A lo largo de un periodo de cinco años, entre 1993 y 1998, el gasto en atención comunitaria aumentó del 29% al 46% del gasto total en salud mental. El número de camas de instituciones psiquiátricas disminuyó un 42%, y el número de camas psiquiátricas de urgencia en los hospitales generales aumentó en un 34%. Gran parte de ese crecimiento se financió mediante los recursos liberados al reducir el tamaño de las instituciones psiquiátricas.

 

4. Educar a la población

 

Deben emprenderse campañas de educación y sensibilización pública sobre salud mental en todos los países. El objetivo principal es el de reducir los obstáculos al tratamiento y la asistencia fomentando la toma de conciencia con respecto a la frecuencia de los trastornos mentales, su tratamiento, el proceso de recuperación y los derechos humanos de las personas afectadas por esos trastornos. La información disponible sobre las opciones terapéuticas y sus ventajas debe ser ampliamente divulgada para que la respuesta de la población general, los profesionales sanitarios, los medios de comunicación, las autoridades y los políticos reflejen los mejores conocimientos disponibles. Mediante la sensibilización de la población es posible reducir el estigma y la discriminación, incrementar el uso de los servicios de salud mental, y contrarrestar la idea que se tiene de la salud mental y la salud orgánica como dos esferas distintas.

 

Por ejemplo, la Asociación Mundial de Psiquiatría ha lanzado la campaña “Open the Doors”, el primer programa mundial contra el estigma y la discriminación que rodean a quienes sufren esquizofrenia. Alemania, Austria, Brasil, Canadá, Egipto, España, Grecia, la India e Italia han empleado material de esta campaña en programas nacionales en los que participan la administración pública, los medios de comunicación, agentes de salud y organizaciones no gubernamentales, así como pacientes y sus familiares.

 

5. Involucrar a las comunidades, las familias y los consumidores

 

Las comunidades, las familias y los consumidores deben participar en la planificación y el desarrollo de políticas, programas y servicios de salud mental. Esa participación contribuye a asegurar que los servicios se ajusten a las necesidades de la población, teniendo en cuenta la edad, el género, la cultura y las circunstancias sociales, todo lo cual favorece la utilización de los servicios por parte de  las personas afectadas y sus familias.

 

El papel de la comunidad en este sentido puede consistir en proporcionar elementos de autoayuda y apoyo mutua, la realización de actividades que influyan y favorezcan cambios en la atención y en recursos que se dedican a la salud mental, el desarrollo de actividades educativas, la participación en el seguimiento y evaluación de la atención, y la presión a favor del cambio de actitudes y en contra del estigma.

 

Los grupos de consumidores se han convertido en una fuerza de cambio poderosa, visible y activa. Hoy día son numerosas las asociaciones de consumidores que actúan en el campo de la salud mental. Su participación en la creación de servicios, el control de la calidad de la atención y el desarrollo y aplicación de medidas normativas y legislativas favorecen el seguimiento y la información por parte de las autoridades responsables. Los familiares son a menudo los cuidadores principales, de ahí la necesidad ineludible de ayudar a las familias a comprender la enfermedad, adquirir las aptitudes de atención y apoyo necesarias, alentar el cumplimiento del tratamiento farmacológico y reconocer las señales de recaída para facilitar la recuperación y reducir la discapacidad.

 

Organizaciones tales como World Fellowship for Schizophrenia and Allied Disorders (WSF) subrayan que el intercambio de conocimientos entre los profesionales sanitarios y los familiares y consumidores es fundamental para generar confianza y forjar alianzas terapéuticas eficaces. Ese intercambio fomenta la seguridad en sí mismos de los cuidadores y les permite pasar «de la preocupación pasiva al cuidado activo»

 

6. Establecer políticas, programas y legislación a  escala nacional

 

Las políticas, los programas y la legislación sobre salud mental son fundamentales para asegurar una acción seria y sostenida, y deben basarse en conocimientos actualizados y en el respeto de los derechos humanos. Las reformas de la salud mental deben inscribirse en las reformas más generales del sistema sanitario. La mayoría de los países han de aumentar sus presupuestos dedicados a la salud mental. Se han hecho progresos en la aplicación de programas de atención de salud mental en países que han desarrollado o revisado reciente sus políticas y legislaciones al respecto.

 

Las importantes reformas emprendidas en Uganda a partir de 1996 han hecho posible el desarrollo de normas y directrices para la dispensación de asistencia a adultos y niños en todos los niveles asistenciales, la formación de los agentes de salud en el reconocimiento y manejo de los trastornos mentales más comunes, la creación de un sistema de derivación y  de una nueva red de apoyo y la vinculación con otros programas tales como la salud de los adolescentes y la salud reproductiva, la educación sanitaria o el SIDA. La lista de medicamentos esenciales del país incluye ahora fármacos para el tratamiento de los trastornos mentales y neurológicos. La ley sobre salud mental fue revisada e integrada en un proyecto de ley sobre los servicios de salud, y la salud mental forma hoy parte del presupuesto del Ministerio de Salud.

 

7. Desarrollar los recursos humanos

 

Muchos países necesitan incrementar y mejor la formación de los profesionales de la salud mental que proporcionan atención especializada, así como del personal sanitario general a todos los niveles. La mayoría de los países en desarrollo carecen del número de especialistas necesario para dotar los servicios de salud mental. Una vez capacitados, es preciso alentar a esos profesionales, mediante incentivos, a permanecer en sus países en puestos donde sus competencias se aprovechen al máximo, y ello se aplica tanto a los médicos como a otros profesionales, como psiquiatras, psicólogos clínicos, enfermeras psiquiatras, asistentes sociales en psiquiatría y terapeutas ocupacionales; todos pueden colaborar para asegurar una atención completa y la integración de los pacientes en la comunidad.

 

Es necesario actualizar los planes de formación de los estudiantes de medicina a fin de que cuando obtengan el título posean la competencia necesaria para diagnosticar y tratar a las personas que sufren trastornos mentales. Sri Lanka, por ejemplo, amplió hace poco la duración de los estudios de psiquiatría y ha incluido esa materia como tema de examen.

 

8 Establecer vínculos con otros sectores

 

La guerra, los conflictos, los desastres, la urbanización no planificada, la pérdida de empleo y la pobreza son todos ellos factores determinantes de la mala salud mental, así como obstáculos a su tratamiento. La labor desarrollada en otros sectores distintos de la salud, como los de la educación, el trabajo, la asistencia social y la legislación, influye sobremanera en la calidad de vida de las personas afectadas por trastornos mentales. Es necesario involucrar a esos sectores en la mejora de la salud mental de las comunidades. Es necesario asimismo alentar a las organizaciones no gubernamentales a apoyar iniciativas locales y participar en ellas.

 

Cabe citar varios ejemplos de oportunidades de mejora de la salud mental en un amplio espectro de sectores. Una posibilidad es el desarrollo de políticas laborales que creen un entorno de trabajo positivo sin discriminación o que ayuden a los desempleados. Como parte de las políticas educativas, en los planes de estudio se deben abordar las situaciones de los grupos con necesidades especiales.  Hay que priorizar el alojamiento en la comunidad de las personas con trastornos mentales. Los sistemas penales deben evitar el encarcelamiento de esas personas, y garantizar que en las prisiones se ofrezca tratamiento para las personas afectadas por trastornos mentales.

 

9. Vigilar la salud mental de la comunidad

 

Es necesario vigilar la salud mental de las comunidades, para lo cual se debe incluir la salud mental en los sistemas generales de información y notificación sanitaria. Los indicadores empleados deben reflejar tanto el número de personas con trastornos mentales como la calidad la asistencia que reciban. Las mejoras introducidas en los sistemas de información y notificación sanitaria ayudarán a vigilar las tendencias y detectar los cambios que se produzcan. La vigilancia es imprescindible para fijar prioridades y para evaluar las necesidades y la eficacia de los programas de tratamiento y prevención de las enfermedades mentales.

 

Los países escandinavos han procedido a vigilar el consumo total de alcohol y han adoptado medidas políticas para controlar, con fines de salud pública, las cantidades de alcohol consumidas. En los Estados Unidos, una «tarjeta informativa» sobre la salud mental, que recoge información de los consumidores y sus familias, evalúa el funcionamiento de los servicios de salud mental en cuatro ámbitos: accesibilidad, calidad/idoneidad de la atención, resultados y prevención.

 

10. Apoyar nuevas investigaciones

 

Es necesario investigar más a fondo los aspectos biológicos y psicosociales de la salud mental para poder comprender mejor las causas, la evolución y los resultados de los trastornos mentales y para conseguir servicios terapéuticos más eficaces. Esas investigaciones deberían llevarse a cabo sobre una amplia base internacional, para poder entender las diferencias entre comunidades.

 

Urge aumentar la capacidad de investigación en los países en desarrollo. Las investigaciones de la OMS sobre la esquizofrenia han demostrado la importancia que revisten la consideración de los factores sociales y culturales y la incorporación del apoyo familiar en la mejora de la salud mental en los países en desarrollo.

 

Es necesario emprender investigaciones en los terrenos de la epidemiología, tratamiento, prevención, política asistencial,  prestación y  financiación de servicios. Dichas investigaciones constituyen la base científica y racional que ha de orientar todas las políticas, ya sean de promoción, de tratamiento o de provisión de servicios. Los instrumentos y métodos de investigación deben tener en cuenta el contexto cultural en que se emprendan las investigaciones, y deben adaptarse al mismo.

Incumbe a los países la responsabilidad de dar prioridad a la salud mental en la planificación sanitaria y de aplicar estas recomendaciones. Una política y una legislación juiciosas en materia de salud mental - respaldadas por la capacitación de los profesionales y por un financiamiento suficiente y sostenible - pueden ayudar a suministrar unos servicios idóneos a quienes los necesiten en todos los niveles de la atención sanitaria.

 

Comunicado de la OMS

 

NOTICIAS DE INTERES

 

http://www.sie.es/amsm/pagina_n2.htm Desde la Asociación Madrileña de Salud Mental se proponen diversos grupos de trabajo entre los que destaca la  Comisión de Docencia y Formación Continuada.  Una de sus finalidades es la creación de la "Escuela de Salud Mental - AEN - Asociación Madrileña de Salud Mental".  Otros grupos de trabajo son: el grupo de trabajo sobre Salud Mental y Exclusión Social cuyo objetivo es la elaboración de una propuesta para la coordinación de los diversos dispositivos que atienden a personas sin hogar. Finalmente hay un grupo de trabajo sobre las responsabilidades y competencias legales de los psicólogos clínicos.

http://www.terra.es/personal/a.m.r.p/premio.html La AMRP decide otorgar el premio al trabajo titulado rehabilitación psicosocial de personas sordas con enfermedades mentales, cuyos autores son Francisco González Aguado (Psiquiatra) y Margarita Rullas Trincado (Psicóloga).

http://www.psiquiatria.com/libros En esta página hay una interesante librería virtual.

http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu3/b/68_sp.htm Principios para la protección de los enfermos mentales y la mejora de la atención de la salud mental. Adoptados por la Asamblea General en su resolución 46/119, de 17 de diciembre de 1991.

 http://users.skynet.be/smeseu/seminars.htm  Salud Mental. Exclusión Social en Europa.

http://www.sospsiche.it/indexs.htm Curso de formación para voluntarios que trabajan con personas con una enfermedad mental organizado por el departamento de salud mental del Hospital de San Paolo.

 

http://www.eufami.org/nav/frame_05.html En esta página podemos encontrar información sobre diferentes proyectos que se están llevando a cabo en diferentes países europeos.

 

Asociación Vasca de Rehabilitación Psicosocial. ASVAR

Hospital Psiquiátrico de Zamudio

Arteaga Auzoa 45

48170 Zamudio, Bizkaia

 Cuadro de texto: FICHA DE INSCRIPCIÓN: ASOCIACIÓN DE REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL DEL PAÍS VASCO
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